El olor de la cárcel
• Hay que invertir en la reinserción de los presos: es posible y será la mejor protección ciudadana
El Periodico 19/12/2008
FRANCESC Escribano*
Para saber cuál es el olor del miedo, unos científicos de la Universidad de Stony Brook en Nueva York pusieron unos trapos absorbentes bajo las axilas de un grupo de paracaidistas novatos. La mezcla de excitación, nervios y pánico les provocó una intensa sudoración cargada de información interesante. Una vez destilada la esencia extraída de los trapos del grupo en cuestión, los científicos comprobaron que el cerebro humano es capaz de detectarla, y descubrieron, ade- más, que tiene un efecto contagioso. A lo mejor es que las emociones no solo se sienten, sino que también se huelen y por ello se contagian.
Estaba pensando en esta historia e iba aguzando la nariz cuando, hace unos días, tuve la oportunidad de visitar algunas cárceles catalanas. Es muy curioso, pero el olfato es el primer sentido que detecta que te encuentras dentro de una institución penitenciaria. Es una sensación peculiar. La poca ventilación aumenta la acumulación de olores corporales con los olores de comida y de los productos de limpieza... y no sé si el fracaso tendrá algún olor, pero, si lo tuviera también se encontraría mezclado con los demás. El fracaso se respira porque es lo que tienen en común la mayoría de las personas recluidas. Escuchando sus historias descubres que son vidas destrozadas por la droga, marcadas por la pobreza, frustradas por una mala idea, un mal pensamiento, un mal día o una mala hora. El destino las ha maldecido, y ahora solo les queda esperar el tiempo que les queda.
En el terreno colectivo, la libertad y la justicia son los valores fundamentales que han orientado nuestra vida desde el tiempo de los clásicos. En nombre de la libertad y la justicia se han hecho las guerras, las revoluciones y los movimientos que han configurado las sociedades modernas. En el plano individual, quien tiene una deuda con la justicia debe pagarlo con su libertad. En Catalunya, más de 10.000 personas viven en prisión. Las nuevas leyes, la mayor eficacia policial y el aumento demográfico han supuesto que la población penitenciaria se haya incrementado en los últimos años, y todo lleva a pensar que la crisis económica no ayudará precisamente a disminuir esta cifra. Es un panorama de futuro complicado para los responsables de las instituciones penitenciarias catalanas. Deberán buscar espacio en edificios antiguos donde, en algunos casos, se amontonan más de cuatro internos por celda, y tendrán que encontrar dinero para construir nuevos centros que les permitan clausurar algunas reliquias del pasado que todavía son útiles.